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Las Fuerzas Nacionales de Reserva

Quizá el título parezca pretencioso. Al lector seguramente le sonará desconocido o al menos inusual. Lo cierto es que con este nombre son denominadas por la OTAN las Fuerzas constituidas por reservistas voluntarios en cada país signatario y así lo refleja dicha organización en la constitución y funcionamiento de uno de sus Comités más importantes, el NRFC o Comité de Fuerzas Nacionales de Reserva, al que España pertenece.

Constituye, pues, algo tan natural como lo puede ser la existencia del resto de fuerzas. Como es sabido, España se encuentra inmersa en pleno proceso de profesionalización de sus Fuerzas Armadas. Un proceso complejo, difícil y costoso que supone, más que nada, un verdadero cambio de concepto que debe ser conocido y asumido por toda la sociedad, no solamente por los militares, aunque a éstos les corresponda el mayor peso del proceso y el desarrollo de una ética de la profesionalización conforme a sus nuevas características, formas y maneras. Es un nuevo concepto que debe ser soportado al unísono por toda la sociedad española.

Pero cuando nuestra sociedad se plantea, normalmente a través de los medios de comunicación, este proceso o algún aspecto de él, lo hace, incluso entre los propios profesionales, mediante críticas mediáticas, refiriéndose únicamente a una de las partes del mismo, los militares, sin darse cuenta que sería imposible formar unas Fuerzas Armadas profesionales sin el concurso de otros elementos, que ya la Comisión Mixta Congreso-Senado dejó señalados en su momento cuando definió los principios de la profesionalización: fuerzas de reserva, personal civil y soporte económico adecuado que constituyen, en definitiva, los otros tres necesarios soportes de la profesionalización y de los que ningún país de nuestro entorno de defensa prescinde de manera alguna. Sería impensable concebir unas Fuerzas Armadas profesionales constituidas de distinta manera.

De otra parte, recién terminado el Servicio Militar Obligatorio, quedan todavía en el ambiente social las reminiscencias, más o menos difusas, de obligaciones añadidas, como era la del pase a la reserva al terminar el tiempo de servicio, que constituía una disponibilidad durante un tiempo apreciable, para incorporarse, en caso necesario y de forma obligatoria, a una unidad de destino previamente asignada, con lo que el término «reservista» quedaba inexorablemente unido al de «movilización».

De esta manera la percepción que, en definitiva, tiene actualmente la sociedad española sobre el tema que nos ocupa es la de la posibilidad de creación de unidades nutridas de manera obligatoria por ciudadanos de cualquier condición para emprender operaciones militares de todo tipo.

VOLUNTARIEDAD

La desaparición del Servicio Militar Obligatorio en prácticamente todos los países ha traido consigo la aparición de nuevos conceptos relacionados con la prestación de servicios a la defensa nacional. Uno de ellos, quizá el más importante, es el de la «voluntariedad» e incluso la apelación al derecho individual para llevar a cabo determinados cometidos relacionados con la defensa.

Los Ejércitos, además, son cada día más pequeños, flexibles, operativos y con una importante capacidad de proyección, lo que, entre otras cosas, hace necesario llevar a cabo demasiados cometidos, con frecuencia muy especializados, precisos y coyunturales, en espacios que no pueden denominarse expresamente campos de batalla sino, más bien, zonas de ausencia de paz, en donde se desarrollan crisis y conflictos de media o baja intensidad, más que formar unidades al estilo de las viejas guerras en donde el número, que primaba sobre la calidad siempre, era fundamental para el éxito.

Por último, en la actualidad, la pertenencia a organizaciones y alianzas defensivas nos obliga a desarrollar el principio de interoperabilidad con todos nuestros aliados que, en gran medida, ya tienen desarrollado el sistema de fuerzas de reserva. Nuestra reciente Revisión Estratégica de la Defensa alude clarísimamente a la necesidad de adaptar los nuevos conceptos a la creación de una reserva voluntaria que aporte de manera ágil, continua y oportuna los necesarios recursos suplementarios y a la vez constituya mayor nexo de unión con la sociedad.

Y así, aparece como necesidad ineludible el nuevo concepto de «aportación suplementaria de recursos humanos» cuyos efectivos han de constituir, incluso en períodos de normalidad (reservistas voluntarios) una aportación adicional, necesaria para la defensa militar como parte básica integrante de la defensa nacional y un lazo de unión con la sociedad, necesario a todas luces.

Mientras, el concepto de reservista obligatorio, contemplado asimismo en nuestra legislación, acentúa su característica de excepcionalidad al igual que el de su empleo, es decir, la movilización, adquiriendo verdadera relevancia y actualidad el de reservista voluntario.

Es normal definir de forma genérica al reservista voluntario como un «militar a tiempo parcial», es decir, un militar, que no un soldado de inferior categoría, que constituye una necesidad permanente en el esquema expuesto de la profesionalización, aunque su empleo sea coyuntural, es decir, no originado por una situación excepcional, sino previsto en cuanto a la capacidad a desarrollar, el lugar donde hacerlo y, normalmente, también el momento en que hacerlo. Es ésta una de las características diferenciadoras respecto al reservista obligatorio.

El reservista voluntario es un ciudadano con una situación laboral determinada, que le hace depender normalmente de un empleador y que se encuentra asentado en el seno de una familia, lo que supone la adquisición por su parte de una serie de compromisos afectivos muy a tener en cuenta. Ambos, empleador y familia, son los pilares del reservista y de ambos depende en gran medida su adecuado empleo a través de su activación (que no movilización), que será el procedimiento para llamarle a cumplir periódicamente con su compromiso con la defensa, tanto para la adquisición de su formación, como para el mantenimiento de la instrucción y adiestramiento recibidos y para desarrollar sus capacidades en los cometidos y puestos asignados.

Activación y movilización aparecen como conceptos que, ligados respectivamente a los de reservista voluntario y reservista obligatorio, nada tienen que ver entre sí, aunque, desde luego, en un remoto supuesto de movilización los primeros en ser activados serían los reservistas voluntarios.

El período medio de activación anual, es decir, de empleo anual, suele ser de veinte a veinticinco días, lo normal en todos los países que tienen establecido este sistema, salvo en misiones de más larga duración, normalmente fuera del territorio nacional, voluntariamente aceptadas. Activación, por tanto, que ligada a las circunstancias familiares (no olvidemos la característica de voluntariedad por encima de todo) no podrá llevarse a cabo sin el concurso del empleador. De ahí la ineludible necesidad de compensar e incluso primar su colaboración y la de acordar con él, siempre que sea posible, los períodos de activación mediante la creación de procedimientos reguladores acordados entre las tres partes: reservista, empleador y Defensa o sus representantes. Y todo ello además de la de atender a todas las necesidades sociales y laborales del reservista voluntario y las derivadas de su pertenencia a una familia.

CONCERTACIÓN DE LOS INTERESES

Tan importante es la colaboración del empleador (en muchas ocasiones también la propia Administración pública respecto a sus funcionarios) que en prácticamente todos los países que tienen establecido el sistema de fuerzas de reserva se han constituido de manera permanente instancias de concertación que establecen el enlace entre las tres partes citadas -empleador, reservista y Defensa- para informarse mutuamente y acordar a todos los niveles la participación de sus trabajadores en las fuerzas de reserva y las circunstancias en que han de hacerlo. El empleador, en definitiva, requiere una atención constante por parte del sistema.

Nuestros reservistas voluntarios serán, pues, aquellos españoles, sin distinción de sexo, que, en ejercicio de su derecho constitucional y cumpliendo determinados requisitos, se vinculen, temporal y voluntariamente, mediante un compromiso de disponibilidad, a las Fuerzas Armadas, para desarrollar determinados cometidos ligados a su formación y capacidades en determinados períodos de tiempo.

La aportación que las Fuerzas Nacionales de Reserva pueden hacer a la defensa nacional adquiere en los momentos actuales tal relevancia que la propia OTAN, no sólo ha organizado y mantiene el NRFC citado, sino que, en estrecho contacto con él y con apoyo del propio Comité, ha instituido la Confederación Internacional de Oficiales en la Reserva (CIOR) que, apoyada permanentemente por él, se ha convertido en un eficaz colaborador del Comité Militar de la OTAN en materia de reservistas, aportando la experiencia de cada país y dando materialmente vida a las numerosas actividades que propicia. A dicha Confederación pertenece la Federación española de Oficiales en la Reserva (FORE).

En fin, España abre una segunda puerta en la compleja construcción del sistema de profesionalización con el establecimiento de los cimientos de lo que debe ser otro de los grandes pilares del sistema. Ello hará que la profesionalización de nuestras Fuerzas Armadas se vaya consolidando, a la vez que se establece un nexo que permitirá un mayor contacto con nuestra sociedad, un mejor conocimiento y un mayor grado de solidaridad y entendimiento.

José Luis Asensio Gómez
General de división
Subdirector general de Reclutamiento
Presidente de la delegación española ante el NRFC

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